Telmo MeléndezEditor de ciencia y sociedad
Nota 7 para los estudiantes secundarios, que dieron una lección a las autoridades del Ministerio de Educación y a la clase política.
N° 3.296 del 19 de junio al 2 de julio del 2006
A comienzos de los años 60, la educación en Chile estaba en crisis. Para qué decir del área de las “humanidades” –cursos de primero a sexto, cuya etapa superior (tercero, cuarto, quinto y sexto) ahora equivale del primero al cuarto de enseñanza media–, en la que centenares de alumnos resultaban reprobados, aunque aquellos que aprovechaban las virtudes del programa educacional podían acceder a las universidades, la privilegiada y única meta de los estudiantes de entonces.
Y la enseñanza era gratuita, financiada por el Estado, para dar oportunidad a todos los jóvenes chilenos –en teoría– para prepararse adecuadamente y, al tiempo que accedían a un mejor futuro, entregar un aporte positivo al desarrollo del país. En la educación secundaria y en la universitaria bastaba con cancelar una matrícula anual de mínimo monto –nada de mensualidades inalcanzables para una familia– para abrir las puertas a los estudios superiores. Por supuesto, miles de niños de estratos de menores recursos no podrían nunca acceder a la universidad por la incuestionable debilidad socio-cultural y económica, que los dejaba fuera de competencia, pese a sus talentos.
La universidad era el éxito total. Social, económico y cultural.
Entonces, en 1965, se instauró una reforma que provocó los cambios cuyas consecuencias se observan hoy día. Había que ayudar a esos niños menos capacitados por sus carencias socio-culturales (y no hablemos de la situación económica de sus padres), para que también llegaran a la ansiada universidad.
Una reforma de profesionales –sicólogos, sociólogos, pedagogos, políticos– que levantaron como bandera de lucha la palabra “problemática”, aplicada a la educación (y que después, puesta de moda, dio para todo), iba a introducir profundísimos cambios en los programas de enseñanza.
Con Allende, el concepto de “universidad para todos” llegó a su cenit. Nadie discutió entonces que más que médicos, abogados, ingenieros, sicólogos o sociólogos –que abundaban– un país necesitaba técnicos expertos, obreros especializados y verdaderos maestros para realizar las obras planificadas por aquellos profesionales.
La reforma del Gobierno de Frei Montalva en 1965 puso al alumno en el trono de rey del aula, y muy por encima del profesor. No se le podía reprobar en ningún ramo, calificar su conducta o urbanidad ni ponerle malas notas, lo que –terrible– afectaba su autoestima. Desde entonces se desestimó el aprendizaje integral del lenguaje y las matemáticas –y la historia de Chile y la universal, la literatura, la geografía, la filosofía–.
De esa reforma provienen algunos profesionales que no saben redactar y menos comprender la lectura de textos vitales para su trabajo. De allí viene la mediocridad que las universidades deben superar en su primer año –no siempre con éxito–, entregándoles a sus estudiantes las bases de una carrera que la educación media no les dió.
Lo más grave, de esa reforma salieron los profesores que hoy enseñan pedagogía. Como lo dijo el educador Hugo Montes, hoy deben proponerse contenidos obligatorios mínimos y modificar la forma en que se imparte la educación en el colegio. “Los alumnos no se sienten exigidos y los profesores están amparados por su Estatuto Docente”. Se abolió la disciplina y el incentivo de hacer las cosas bien.
Al margen de las necesidades físicas en cuanto a edificios e instrumental de enseñanza –incluida la Internet y otros medios audiovisuales–, como él señala, la solución está, primordialmente, en mejorar la formación de los profesores. “Falta amor por la educación, falta entusiasmar a los niños”, ha dicho. Y fue un error –cuyas consecuencias vivimos hoy– eliminar las escuelas normales y el Instituto Pedagógico, que preparaban a jóvenes con la vocación de enseñar. Nota 7 para los estudiantes secundarios, que dieron una lección a las autoridades del Ministerio de Educación, a éste y los gobiernos de los últimos 40 años, y a los políticos que jamás se preocuparon de cómo se estaban preparando los hombres y mujeres que en el futuro inmediato deberán conducir este país llamado Chile.
¿Qué pensarán hoy día, en lo profundo de sus conciencias, los gladiadores de la “problemática” que en 1965 destruyeron la enseñanza en Chile?
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“MI PERCEPCIÓN”
Autor: Jeannette Cisternas Reyes
Tema: Comentario del artículo de Revista” Que pasa”, Nº 3.296 del 19 de junio al 2 de julio del 2006, “La problemática de la educación” escrito por el Sr. Telmo Meléndez, Editor de ciencia y sociedad
De manera sorprendente e inimaginable este editor de ciencia y sociedad de la prestigiosa revista nacional “Que Pasa” nos hace viajar por las penumbras de nuestra educación, desnudando paso a paso el porqué de una educación empobrecida y minusválida, que despliega la bandera de profesionales del futuro de una nación.
Es sin lugar a duda que uno se pone a pensar que habrá pasado por la mente de aquellos que tuvieron las riendas de la educación en los años sesenta que no pensaron en la inyección de la calidad, que debieron colocar con urgencia en sus reformas educacionales. Pero, no cabe la desconfianza que estaban llenos de buenas intenciones, enfocados en un compromiso socio igualitario, en donde se contara con un acceder fácil a la educación superior, sin mayores coyunturas económicas y culturales en donde solo se pudiera deslumbrar aquellos talentos innatos de cada nuevo estudiante.
Al trastocar el revolucionario llamado social con que cientos de jóvenes de nuestra secundaria se abalanzaron sobre pensamientos políticos de décadas, dejando claro que estamos frente a un fenómeno que nos hace sonar la alarma de nuestras conciencias y preguntar ¿que pasa? con el modo, el tipo y la calidad de nuestra educación, que nuestra educación se vea con respeto y no con la chacota de aquellos profesionales de la educación, que fueron arrastrados por los males perjudiciales de buena intencionalidad del gobierno de Freí Montalva en donde los alumnos estaban sobre el profesional.
Cuando escucho que el remedio es más grave que la enfermedad catalogo a esta educación chilena moderna, con mas problemas que cuando se quiso conseguir la igualdad, dejando el nacimiento a nuevas problemáticas sociales, que se deja ver claramente en este artículo, dejando de manifiesto la sobre población de profesionales y la falta de técnicos universitarios, olvidando que lo que se sacaría al mundo era gente capaz de fusionar en diferentes aristas laborales para el desarrollo y prosperidad de una nación que busca el progreso y no la irresponsabilidad de sacar profesionales como se obtienen dulces de una fabrica.
El costo ha sido caro y lo seguirá siendo y que bien lo saben las universidades que han tenido que llevar una carga extra de conocimiento para poder nivelar a sus alumnos y no dejar desvalidos a aquellos que no tuvieron la culpa de tener mala educación.
Hoy el compromiso es de todos, y bien lo dejaron notar nuestros jóvenes hace muy poco, dejándonos desnudos frente a frente con la falta de ética, negligencias y mediocridad que envuelve algunos profesionales de nuestra sociedad chilena, colocando de una vez por todas las artes y ciencias del lenguaje, matemáticas, literatura, geografía, filosofía e historia de chile y universal en el sitial que les corresponde, dejando descansar en paz a los mentores de las artes y las ciencias y que no se muevan mas de sus tumbas cada vez que se comete alguna aberración profesional en este país llamado Chile.
Quintero; 07 de abril de 2007
Autor: Jeannette Cisternas Reyes
Tema: Comentario del artículo de Revista” Que pasa”, Nº 3.296 del 19 de junio al 2 de julio del 2006, “La problemática de la educación” escrito por el Sr. Telmo Meléndez, Editor de ciencia y sociedad
De manera sorprendente e inimaginable este editor de ciencia y sociedad de la prestigiosa revista nacional “Que Pasa” nos hace viajar por las penumbras de nuestra educación, desnudando paso a paso el porqué de una educación empobrecida y minusválida, que despliega la bandera de profesionales del futuro de una nación.
Es sin lugar a duda que uno se pone a pensar que habrá pasado por la mente de aquellos que tuvieron las riendas de la educación en los años sesenta que no pensaron en la inyección de la calidad, que debieron colocar con urgencia en sus reformas educacionales. Pero, no cabe la desconfianza que estaban llenos de buenas intenciones, enfocados en un compromiso socio igualitario, en donde se contara con un acceder fácil a la educación superior, sin mayores coyunturas económicas y culturales en donde solo se pudiera deslumbrar aquellos talentos innatos de cada nuevo estudiante.
Al trastocar el revolucionario llamado social con que cientos de jóvenes de nuestra secundaria se abalanzaron sobre pensamientos políticos de décadas, dejando claro que estamos frente a un fenómeno que nos hace sonar la alarma de nuestras conciencias y preguntar ¿que pasa? con el modo, el tipo y la calidad de nuestra educación, que nuestra educación se vea con respeto y no con la chacota de aquellos profesionales de la educación, que fueron arrastrados por los males perjudiciales de buena intencionalidad del gobierno de Freí Montalva en donde los alumnos estaban sobre el profesional.
Cuando escucho que el remedio es más grave que la enfermedad catalogo a esta educación chilena moderna, con mas problemas que cuando se quiso conseguir la igualdad, dejando el nacimiento a nuevas problemáticas sociales, que se deja ver claramente en este artículo, dejando de manifiesto la sobre población de profesionales y la falta de técnicos universitarios, olvidando que lo que se sacaría al mundo era gente capaz de fusionar en diferentes aristas laborales para el desarrollo y prosperidad de una nación que busca el progreso y no la irresponsabilidad de sacar profesionales como se obtienen dulces de una fabrica.
El costo ha sido caro y lo seguirá siendo y que bien lo saben las universidades que han tenido que llevar una carga extra de conocimiento para poder nivelar a sus alumnos y no dejar desvalidos a aquellos que no tuvieron la culpa de tener mala educación.
Hoy el compromiso es de todos, y bien lo dejaron notar nuestros jóvenes hace muy poco, dejándonos desnudos frente a frente con la falta de ética, negligencias y mediocridad que envuelve algunos profesionales de nuestra sociedad chilena, colocando de una vez por todas las artes y ciencias del lenguaje, matemáticas, literatura, geografía, filosofía e historia de chile y universal en el sitial que les corresponde, dejando descansar en paz a los mentores de las artes y las ciencias y que no se muevan mas de sus tumbas cada vez que se comete alguna aberración profesional en este país llamado Chile.
Quintero; 07 de abril de 2007
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